Soy David Arroyo (no, ni el ciclista ni el redactor de la Marca Motor, solamente un particular), un chico con muchos pajaritos en la cabeza y con muchos muebles sin colocar ahí dentro. Mi historia hecha relato es el reflejo de mis inquietudes y de mis sueños de dedicarme al cine y a los videojuegos. Sueños que dependen de que consiga centrarme conmigo mismo.