Llevo años cagándola y años huyendo de mis problemas poniendome excusas, tomándomelo con calma y demás mecanismos de defensa mentales. Pues al carajo, voy a mencionar esa palabra a la que tanto miedo tenía, sacrificio. Ya basta de sentir lástima de mi mismo y de subestimar mis posibilidades. Pero sobre todo y lo más importante, basta de teatralizar todo lo que en mi blog propongo cada vez que me entra el “mecagüen” dios y que luego lo pienso en frío y se queda como estaba.
Me estaba acordando de un hecho que cobra más trascendencia ahora que sé por qué lo hice. En plena instrucción, el primer día de maniobras nos metieron algo de caña para que no nos confiáramos y yo le vi las orejas al lobo. Tuve los cojones, aunque en realidad no tantos, de decir delante de todo mi pelotón que yo no estaba ahí por vocación. Eso fue para mi un arma de doble filo, pues me aliviaba saber que tenía con quien compartir la carga, pero claro, lo malo es cuando la gente sabe de tí más de lo que debe. Y eso es lo que me pasa, que cuando me agobio, le cuento lo que me pasa al primero que pillo, claro que en el momento no pienso en las consecuencias. Eso es símbolo de que no tengo lo que hay que tener para resolver mis problemas solito, que siempre he tenido a alguien detrás empujándome y eso es lo que, a veces sin darme cuenta, busco a toda costa.
Bueno, pues yo solo, me he buscado problemas tan gordos que no puedo pedir a nadie que se implique y yo solo, me cueste lo que me cueste, voy a salir de ellos.
Varias son las causas, todo el mundo me dice últimamente y yo lo llevo insinuando en mi blog unas pocas entradas que con lo bien que se me da hacer según que cosas, buscase fuentes de ingresos dedicándome a esas cosas que se me da bien hacer. Y pues si me gustan el cine, la fotografía, la música, la literatura y los videojuegos está claro que tengo salidas, pero claro, no a corto plazo, menos aun si no he hecho nada. Pero claro, apenas buscaba vías de escape. He recibido elogios por lo bien que escribo en mi blog y, recuerdo hace años me cascaron un 10 en el instituto, en concreto mi profesor de tecnología, viendo que no había manera de sacarme de mi mundo, me pidió que le hiciese un organigrama sobre una idea que tenía para un videojuego que se iba a llamar “La expedición”, idea que se quedaría en un guión literario (más literario que guión) del que solo escribí 71 páginas y que aun conservo, pero que no continué, dado que la historia tal y como la tenía concebida, forzaba la aparición de gazapos lo que la convertía en absurda e inverosímil. Siempre he dicho que quiero retomarla, a lo mejor ahora es el momento. Claro yo como un gilipollas siempre he pensado a lo grande y cuando talo ese árbol que no me deja ver el bosque me doy cuenta de que debo empezar desde la modestia, desde abajo, desde ese tan incómodo sacrificio al que tanta alergia le tengo. Eso por un lado, y bueno, también tengo medios para crear videocreaciones, para hacer música y para hacer fotos, no muy buenas, pero los tengo. Respecto a los videojuegos no me queda más cojones que aprender y eso se llama carrera universitaria o academia y cuesta un pastizal en ambos casos. Y quizá y solo quizá, si consigo ser conocido en alguno de esos ámbitos o disciplinas, podré empezar a lucrarme. El objetivo es ese ¿no? Pero por desgracia no puedo contar con él. Necesito más fuentes de ingresos y se me ha ocurrido también pluriemplearme por las tardes. Así que no voy a parar quieto, y lo temo más que a un nublao, pero para bien o para mal, es lo que necesito.
Otra razón, quizá la más poderosa, es la que va más allá. Después de redimir mis defectos vendrá algo más importante y es mi novia, Juliana, quien espera paciente a 8000 km de aquí poder venirse a España y vivir juntos como está mandado. Sea como fuere, o venzo el miedo o no voy a tirar p’alante ni a la de tres. Que la Potra os acompañe. Ciao.
