Últimas entradas »

La última vez que estuve en Madrid, mi hermano asistió a unas jornadas de terapia regresiva reconstructiva, si mal no recuerdo su nombre. Su estado de ánimo fue como si se hubiese librado de un trauma del pasado o algo parecido y se hubiese quitado esa carga de encima. Me dijo que no hace falta ser experto para hacer una terapia de esas, viene a ser un poco como en la novela de Momo, que muchas veces sólo necesitas sentirte escuchado para desbloquear tus pensamientos y tú mismo dar con las soluciones de los dilemas que te planteas.

Me propuso hacerme una terapia de esas a mí, y, en el transcurso de la conversación, algún resorte mental se me debió activar pues no tardé en relacionar recuerdos entre sí con las emociones que dichos recuerdos me producían. Sólo me hice una pregunta: ¿Cuál es la causa de mi jodido carácter? Y eso por si solo desencadenó la siguiente hora y media de conversación, casi más bien de monólogo porque no paré de hablar en todo ese tiempo. El primer principio viene porque, aunque, ya haya superado en cierta medida la barrera de romper el hielo con la gente (gran hándicap durante mi adolescencia) siempre he sentido la ansiedad (recalco lo de “ansiedad”) de sentirme aceptado. Mis padres llegaron a creer, en su inexperiencia de padres primerizos, que yo padecía algún grado de autismo pues hablaba en tercera persona y decían cosas tales como que no me gustaba mirarme al espejo… Pero al parecer los pediatras o quienes carajo fueran, les dijeron que, simplemente tenía una imaginación de tres pares de cojones. Yo la parte que recuerdo de todo eso es que, mientras cualquier niño pequeño, cuando ve que produce gracia a su alrededor, se siente aceptado y al gustarle esa sensación, repite todo el rato gestos similares; qué va, yo detestaba eso de que me rieran las gracias, pues me juego el nabo y no lo pierdo (más que nada porque sigo siendo así) a que en mi limitado razonamiento de inocente parvulito pretendía que se me tomase en serio con lo que decía. De mi infancia no me puedo quejar ni mucho menos, pero hay una sensación que no sé si es real o no, que por desgracia recuerdo. Digo que no sé si es real porque no sé si es normal en un niño de 7, 8 o 9 años sentir impotencia de no tomar parte en casi ninguna decisión que se toma a su alrededor, ni siquiera en las que me afectaban directamente. Puede que mi memoria me traicione o que fuese un insufrible pedante que quería tener más poder del que me correspondía. Pero desafortunadamente, sólo puedo decir que el recuerdo que tengo es ese.

Reconozco que tengo un carácter para echarme de comer aparte, con buenas intenciones, pero cansino y con muchas manías. Ahora puedo llegar a entender por qué incluso en mi infancia no era la clase de niño con el que todo el mundo quería estar en el recreo.

Se me vienen a la cabeza, sobre todo, recuerdos de cuando estaba en el colegio San Miguel, recuerdos de como todos los pijomierdas de los cojones ya habían ido a Port Aventura con sus papaítos, cosa que, cuando se decidió a dónde se quería ir de viaje de fin de curso, se propuso Londres, harto inalcanzable para el poder adquisitivo de mis padres, más con lo que costaba el colegio. Al único viaje de fin de curso que pude ir con ese cole, fue al de Huelva y recordaré perfectamente en el comedor del hotel como cuando se nos dijo que las habitaciones eran para equis personas (¿4 puede ser?), no sé si es que lo tenían pensado de antemano o yo fui lento de cojones decidiéndome, pero me tocó con dos cacho de cabrones que no conocía de nada en una habitación para dos a la que le añadieron una triste cama supletoria. Para colmo de mi humillación, lo primero que hicieron los criajos fue regodearse de que podían saltar en la cama (de matrimonio) y cuando yo lo intenté, para no ser menos, me cargué un listón del somier, y me tocó clavarme el hueco resultante los tres días siguientes.

Pero entrando en cosas ya más recientes en mi memoria, para mi comunión me regalaron la Gameboy, la primera de todas, la gris tocha con pantalla monocroma y que venía en el pack con el Tetris. Si no me llega a venir con ese videojuego, no la estreno, porque mis padres eran reacios hasta la crueldad, de fomentar en mí ese vicio insano de mil demonios (guiño guiño). Cosas como que, también en mi comunión, maldita la hora en la que me regalaron en vinilo aquel primer recopilatorio de Puzzletron, yo creo que pasé de las canciones de David el Gnomo y “Los Fruittis” a eso directamente. Y claro, mi padre no tanto porque nunca ha sido melómano, pero mi madre muy de Los Beatles, Jarcha, Elton John, Isabel Pantoja, Mecano, Elvis, Pólice y cosas más asequibles al oído que aquel incipiente “chunda chunda” más conocido como bakalao, pues no le hacía ni pizca de gracia, con la consecuente rebeldía mía y ese creciente “mecagüen Dios” que se iba gestando en mis entrañas.

Ya en la adolescencia mis gustos musicales se iban fraguando, ya no era tanto chunda chunda, pero sí más pop comercial y no comercial (lo poco que tenía ocasión de escuchar la radio que tan mal se pillaba en Pelayos de la Presa, hasta para eso era Forever Alone) pero los gustos de la “fauna local” se decantaban más por el flamenquito mierda y la tecno rumba y claro, al no ser el típico fiestero al que le mola emborracharse a calimotxo y fumar, pues otra razón de más.

Recuerdo la adolescencia como la etapa más turbia de mi vida. Por supuesto, mi familia seguía en sus trece con eso de demonizar los videojuegos. Lo que diga la tele, faltaría más, los juegos sirven para que los chavales tengan ganas de matar a sus padres con una katana o que quieran tomar diazepam para sacarle partido al rifle de francotirador, armas que todo el mundo tiene en su casa. Y ya el remate vino cuando comenzó la peor época cultural de la historia reciente de España, cuando desapareció Max Music y los “Megamixes” comenzaron a llamarse “Sessions”, cuando los DJ’s empezaron a ser catalogados como estrellas; cuando maldita la hora en la que salieron las primeras partes de Saw, The Fast and the Furious, American Pie y demás mierda. Cuando Crónicas Marcianas dejó de ser un magacín nocturno serio para convertirse en el germen del insomnio de la mayoría de los chavales de la época que luego venían diciendo no se que coño de Amparo. Cuando tener coche significaba ser poderoso porque las muñequitas de placer deseaban aprovecharse de eso para que las llevasen a las discotecas que, curiosamente, se encontraban todas o bien en polígonos industriales al lado de alguna carretera nacional o bien en pueblos de 6 o 7 habitantes a tomar por saco del culo del mundo, para que el peregrinaje fuera largo y si eras un desafortunado al que habían llevado hasta allí, no tuvieses ocasión de escapar hasta que al conductor (borracho por supuesto) no le saliese de los cojones irse, que, con suerte, sería cuando cerrasen la discoteca, a las 8 o 9 de la mañana del día siguiente. Cuando ser bueno era ser pagafantas sí o sí.

Me doy cuenta de que como compartas alguna afición conmigo la has cagado, porque me poseerá un halo de entusiasmo que no hay dios que me lo quite en horas y llego a ser el tío más coñazo bajo la capa del cielo. Hace pocos días, estando yo en la habitación escuchando la BSO de “El último mohicano”, peli que no he visto aun (entre otras tantas), al entrar uno de mis compañeros, me dijo. “¿Eso qué es? ¿La banda sonora de “El último mohicano”, no?” Normalmente, la peña confunde entre sí las bandas sonoras de Gladiator, El último mohicano, Braveheart y Titanic, incluso alguien por ahí llegó a confundir una de esas con la de Terminator, con dos cojones. Es perfectamente normal, nadie tiene porque tener las mismas aficiones que yo. Pues me sorprendió que mi compañero la identificase a la primera, entonces me confesó su afición a escuchar bandas sonoras, y pasó lo propio. Pero luego pasa el efecto contrario, que como a mi llevan toda mi jodida vida desacreditando mis aficiones, a cada edad las que tocaban, pues yo me pongo siempre a la defensiva y desacredito las suyas, aunque luego cuando Belcebú sale de mi cuerpo, me hacen entender que cualquier afición es respetable y que no necesariamente determinada música convierte en cani a quien la escucha.

Pero es que mi problema de carácter ha ido a peor. Lo de mis impulsos con la pasta son solo la punta del iceberg. Hasta mi madre se ha dado cuenta de que con ella me pongo agresivo verbalmente en ocasiones. Claro, aquí dentro, no puedo pretender que alguien esté siempre al otro lado del teléfono cuando lo necesito, y quizá soy reacio a entablar relaciones de confianza según con quien y todo eso se va sumando… Y ahora mismo no estoy pasando por mi mejor momento precisamente. Estoy pensando maneras de cómo traerme a mi novia a España a corto plazo y no matar del disgusto a mis padres en el intento. Lo más sensato y no queda más cojones que esperar, es que empiece los estudios de lo de los videojuegos el año que viene y esperar a que esté en una situación mejor. Si ella se viene a España tal y como estamos con 5 millones de parados… En fin, que buscaré métodos alternativos de ayuda. Y a ver si mi hermano me hace la terapia regresiva y si sirve de algo. Que la Potra os acompañe. Ciao

El pasado domingo me fui con mi padre a vendimiar al Barraco, ese pueblo al que, desde hace ya 5 años, siempre que voy es a la defensiva, porque hay a quien se le da bien desacreditar sin empatizar. Y bueno, uno que es cabezón un poco, pues, sin quererlo le echo leña al fuego cuando se ponen en mi contra.

Bueno, ya saben que yo no soy muy hábil vendimiando y basta que un racimo esté fácil de cortar para que me quede atascado en alguna cepa. Vale, perjudico el trabajo de los demás, que van más rápido, pero no es mi meta en la vida ser un vendimiador profesional, lo hago lo mejor que sé, y sin intención de flaquear. Pues curiosamente la inevitable conversación mientras se trabaja fue más conciliadora que de costumbre, acercamos posturas y por fin pude explicarle a mi tio el por qué de mi comportamiento ahora que lo sé.

De quien empiezo a estar harto y con perdón, porque le quiero mucho, es de mi abuelo Julián. Pobre hombre, no se fía de mi criterio, y no para de decirme que el ejército es la mejor empresa, que no me vaya de ahí, que el que trabaja para el “estao” no muere “baldao”, que mi tío no quería meterse a militar y mírale ahora ya es capitán… Joder, me lo repite todas las veces que voy a verle, yo ya no sé que cara poner cada vez que me lo repite.

Bueno, puede que quizá esté abocado a reincidir en mis errores porque expresarlos en alto y soltarlos hace que me crea que ya los he solucionado, pero vamos, que se me caiga el mundo encima si mi acojone viviendo solo por culpa de mi inconsciencia ha sido en vano.

A la vuelta del Barraco, exactamente a la altura de San Martín de Valdeiglesias, justo a nuestra izquierda, en el arcén había una chica joven junto con lo que yo creía que era un niño pequeño. Me la quedo mirando y digo “Joder, ¿Qué mamá más guapa, no? Pero algo en ella me resultaba familiar, la miro a los ojos, y digo ¿Es Esther?.

Mi padre coge y la hace una llamada de atención y sí, era ella. Os explico, cuando vivíamos en Pelayos teníamos como vecinos a una madre y sus dos hijos, Esther es la hermana mayor de Jose Antonio, el chico con el que tenía más relación y al que ví por última vez el 11 de septiembre de 2001, en el que fuimos a ver Final Fantasy, aquel verano de los 121 días (el tiempo que pasamos sin casa por culpa de unos inmobiliarios hijos de puta viviendo en casa de mi tío en Vallecas). Y justo al salir del cine estaba ardiendo la primera torre, lo sé porque lo vimos en una tele de un escaparate…

A lo que voy, que sí, que era ella, y el niño era en realidad una niña, su hija, una ricura de pequeñaja que se dejaba coger en brazos sin conocerla de nada. Bueno, fue la mejor excusa posible, me reencontré con mi viejo amigo a quien vi de un centrado que flipas. El muy cabrón fue el que consiguió que se me quitasen las ganas de pasarme el Final Fantasy VIII en su momento, a ver si me vuelven 12 años después jajajaja. Y sigue siendo igual de viciado que siempre, lo primero por lo que me preguntó fue por mi usuario de PS3, ya he visto sus trofeos y tiene mas juegos que yo. En fin, me alegro de que siga siendo el mismo.

No tengo nada más que contar, al menos que sea digno de mención, excepto que la semana que viene voy a ir a todo lo que haya que ir para conocer asociaciones, actividades… me la pela, que tengan que ver con mis aficiones. Eso e informarme de los pormenores, de los pelos y señales, de todo lo que hay que saber para traerme a mi reina Juliana, a España, con todas las garantías de que salga bien. Al carajo, a recoger esto un poco y a dormir, que aun es pronto. Que la Potra os acompañe. Ciao.

Todo lo que voy a decir ya lo he hablado por teléfono o por messenger con mis familia y amigos, es solo una recopilación de todas esas ideas. Veamos, en la entrada anterior mencioné deprisa y corriendo que había vuelto al cuartel.

Vale, sabemos que soy un desastre y me lo repito a menudo, pero que apenas me pongo a solucionar las cosas salvo cuando no me queda más cojones. Sé que tengo menos sangre que la compresa de la Veneno, que le tengo alergia a los sacrificios, y que el resultado de no sacrificarme es no conseguir nada y al no conseguirlo, ni poner de mi parte para mejorar mi vida, yo mismo me atrapo, pienso en deseos inútiles y los materializo para sentirme mejor momentáneamente aunque las consecuencias de esos deseos sean las que todos conocemos. Y ahora mismamente tengo el ordenador encendido y ropa por lavar y por doblar, pero también tengo unas 13 horas para enmendar eso.

Vale, también ha sabido medio cuartel que no he recogido nada en todo el fin de semana, bien, el sábado me levanté tarde y tenía turno de tarde, y bueno pude haber recogido el domingo, no tengo excusa, pero no me jodas, tengo toda la semana libre. Que sea un vago no quiere decir que no recoja nada, pues si lo estoy haciendo.

Cuando volví al cuartel tuve la enorme suerte de poder vivir con dos compañeros que no tienen manías, que tienen una paciencia infinita y la mejor manera de compensárselo es estar a la altura. Esta semana iba a tomarmela con calma porque sé que puedo permitirmelo y a quien le pique que se rasque, solo estoy seguro de que mañana antes de partir a Madrid tendré todo en orden. Invito a quien pueda de quienes me leéis a ser testigo de que no miento.

Quiero que mi vuelta al cuartel sea mejor que la última vez. Para empezar de los tres que estamos en la habitación el que más manías tiene soy yo y tengo mucho que corregir, sé que hay gente que está harta de mi, pero es gente a la que no le debo nada, lo digo porque hace unos minutos he tenido una conversación con uno de ellos.

Y va a ser mejor, porque el primer error gordo de mi vida del que me di cuenta de que la mano se me mueve sola para sacar la cartera en el Corte Ingles y me di cuenta de ese error después de haber despilfarrado un pastizal y no tener para pagar todos mis gastos mensuales mientras vivía solo en unas condiciones que ni siquiera supe mantener bien. Como bien decía antes, no tengo cojones a conseguir nada de lo que me propongo, prueba de ello es que yo solo me frustro y me desahogo con deseos puntuales, pero hay una forma de evitar eso, ahora que a corto plazo no me queda más cojones que no hacer nada de aquello que llevo años deseando perpetrar, es hacer algo por las tardes que me guste. Cuando empecé el curso que no acabé, lo hice, durante poco tiempo, y por las tardes podía no sentirme acomplejado, podía sentirme normal, pero para entonces ya no era organizado y me costaba disimularlo al tiempo que pecaba de entusiasta y no me podía contener, sé que alguien se aburrió de mi, no se lo reprocho. Pero sé como hacer cosas que me gusten, sé que tengo recursos en Zaragoza para encontrar a gente con la que compartir aficiones y vivencias y no voy a perder la oportunidad de darle sentido a mis tardes, a mis aficiones y a las veintipocas páginas y redes sociales en las que tengo perfil por una razón que aun no existe como tal. Voy a hacer aquello que siempre quise y no he tenido cojones, a tener cada tarde una anécdota que contar. Si estoy entretenido en algo que me gusta, además de darle sentido a mi tiempo libre y tener un poquito más de disciplina, al hacer algo que me llene, no se me volverán a pasar por la cabeza esas paranoias de querer desahogarme por no hacer nada, de cajón de madera de pino, así que esa es parte de la solución.

Sin paranoias ya no ansiaré gilipolleces como vivir solo cuando es innecesario por mucho que me guste más que vivir aquí. Reconozco que si no conviviese con más gente haría lo que me diese la gana y no lo necesito precisamente, lo único que necesito es paz conmigo mismo y por ende, con los demás. Porque esta vez no habrá deseos sino intenciones, esta vez no habrá “errores del pasado” sino planes del presente. Siento que haya tenido que ser así, ya se que el mayor perjudicado soy yo, pero lo siento por la paciencia que me habéis tenido que echar todos estos años, pero ya está, no más lamentos que eso se me da muy bien para tranquilizar mi conciencia y volver a relajarme.

Ah y luego están la novela que quiero escribir, el vídeo de mis andanzas en Colombia, etcétera. Que una vez despeje el camino, vendrá todo rodado. Que la Potra os acompañe. Ciao.

A estas alturas no voy a debatir sobre la forma de desfogarse y de divertirse que tenga cada cual. Ya pasé esa etapa hace tiempo. Lo de salir de fiesta, en el sentido que la mayoría de la gente lo entiende, ya comprendí que no depende del hecho en sí mismo sino el qué y con quién lo hagas. Lo de anoche fue una noche de fiesta más, lo que sí era excepcional era el motivo, una amiga del barrio acababa de terminar la carrera de medicina y había que salir a celebrarlo. Bruno, como buen samaritano que no quiere que me quede en casa, me dijo que ayer me llamaría para quedar. Lo que no me esperaba es que fuese un mensaje ya que de un tiempo a esta parte ya casi todo el mundo me habla por el dichoso whatsapp. Que si fuese para sustituir un mensaje bien, pero cuando pretende sustituir una conversación, me lleva los demonios, con lo cómodo y ágil que es hablar habiendo apps para llamar gratis igual que las hay para mandar mensajes… Al caso, que Bruno me envió un SMS (esa especie en peligro de extinción) y cuando me sonó, me esperé que fuera de publicidad y no le hice caso al teléfono. Ya cuando por fin me llama para preguntarme dónde estoy, me informa de dicho mensaje, del que no había reparado aun. Menos mal que el sitio en el que habíamos quedado me pillaba cerca andando. Conocí a Laura, una chica del circulo de amistades de María, la “lisensiada” en medicina, conocí a Juli, el novio de María y me reencontré con otra María de ese circulo de amistades a la que hacía tiempo que no veía.
Cuando llego a casa de María, la médica, ya mientras cenaban unas pizzas (yo ya había cenado), me saqué mi móvil y les enseñé el launcher que tenía instalado. María, la que no es médica, me pidió que le instalase dicho launcher cuando le mostré las virtudes y pijotadas que tenía. Maldita la hora, le pasó lo mismo que a mí al poco de comprarme el mío, de hecho tenía el mismo móvil que yo, gracias a lo cual supe como arreglárselo.
Lo que le pasó es que se le atascó el móvil después de instalar el launcher y ya no volvió a reaccionar en toda la noche. Había dos opciones, que el cacharro reconociese que se había atascado como me pasó a mi y esperar a dicho momento a operar con él y desinstalarle el condenado launcher o, si eso no pasaba, instalarle una ROM nueva. Y ahí viene lo gracioso, tenía que ser esa noche y tenía que ser con mi ordenador ya que no había mas cables micro USB ni más ordenadores operativos a mano. Vale, de la fiesta no hablaré no por nada, sino porque todo el mundo sabe exactamente como es pasárselo bien saliendo de fiesta.
Lo gracioso fue que como no sabíamos llegar desde Cascorro hasta Santa Ana ni con el dichoso GPS, cogimos un taxi y ver a María la médica hablar con el taxista era un show, que pena que no la grabase en video.
Pues tras volver de fiesta, rato en el que eché a Juliana de menos porque en un principio iba a hablar con ella esa noche por internet, pues llegamos a mi casa, y me dispuse a arreglar el móvil de esta chica. Como a la afectada la iban a llevar en coche, dadas las horas de la madrugada, pues estuvieron esperando mientras se bajaba la ROM que había de instalarle en el móvil. Mis padres se mosquearon por el ruido que hicimos pero es que era inevitable. Imaginaos la escena. Y luego para colmo cuando le instalo la ROM resulta que esta no funcionaba así que optaron por irse mientras yo le dejaba el móvil en condiciones de una vez.
Digamos que lo que marca una noche de fiesta no es lo que pasa todas las veces sino lo anecdótico. Y desde luego he pasado un fin de semana como hacía tiempo que no recordaba.
Mas luego anoche vi una carta introducida debajo de mi puerta que indicaba que si el dia 23 no había pagado el alquiler que procedían a desalojar. El caso es que no hay mas opciones, que me voy de la casa y que fue bonito mientras duró pero volveré cuando haya saneado mis cuentas y mi cabeza. Ahora tengo mas objetivos pendientes pero por otro lado puedo priorizar los mas importantes que ya tenía. Que la Potra os acompañe. Ciao.

A vueltas con lo mismo

Creo que estoy cerca de llegar al jodido fondo de la cuestión. A estas horas no sé si debería estar poniendo lavadoras, escribiendo en el blog, viendo El Padrino por primera vez o dándole forma a ELIDUP, de la que por cierto, tengo nuevas ideas.

Veamos, ayer en el trabajo, cuando dije que me despertaba a las 4:30 de la mañana para ir a trabajar, les impactó que me levantase tan temprano y aseveraron que no hay persona humana que aguante ese ritmo, incluso casi llego a notar empatía con eso de que esté desganado y distraído en mi vida diaria. Quepa aclarar que, con frecuencia, cuando parece que vamos a iniciar un tema de conversación interesante, coge alguien y lo desvía.

Volvamos a marzo de este año. Le insinúo a mi madre que quiero volver a Madrid a cualquier precio, aun si es a costa de cobrar el paro y, lógicamente, mi madre se niega en rotundo. Yo estaba quemado del estilo de vida que llevaba, supongo, en el que no separaba trabajo de tiempo libre, aunque todos sabemos que se me da de lujo quejarme y ponerme excusas yo solo.

Busco casa y en lugar de lo que hace todo el mundo de buscar concienzudamente y comparar precios me meto cagando leches en la casa que valía menos dinero de toda Zaragoza y todo porque me dijeron que tenía que contestar rápido. Con dos cojones.

Tiempo atrás en noviembre, ya había yo adquirido una PSP go!, un ordenador portátil, un iPod Touch de 64 gb, el conjunto de PS Move y unos cuantos juegos todo esto a pagar en “cómodos” plazos, por culpa de la tarjeta del Corte Inglés. Así que cuando vi en la web del banco que podía acceder a un préstamo instantáneo no dudé en hacerlo. Así mismo tenía una tarjeta de crédito de la Fnac, que me dijeron, valía no solo para comprar a plazos con ellos sino para disponer de dinero a crédito directamente. Ahora sumadle viaje a Colombia, casa, moto caprichitos varios y no mirar cuanto dinero me queda en la cuenta cada vez que saco. A tomar por culo la bicicleta, me ha pasado lo mismo que a España, he especulado por encima de mis posibilidades y ahora el sueldo se me va entero en pagar plazos y gastos.

No solo eso, hay cosas a las que no renunciaría por nada del mundo tales como ADSL o teléfono móvil con internet, ya son más gastos.

Si, satisfacción a corto plazo y arrepentimiento poco después. Digamos que estaba satisfaciendo todas mis ansias pasadas a la vez, fruto de no saber controlarme con el dinero manda huevos.

Si le cuento todo esto a un psicólogo me daría unas pautas de conducta para variar mis hábitos y que todo volviese a su cauce, ¿no?

Dicha suposición se basa en que ya he pasado por eso. Y en que cuando yo tenía 12 años el psicólogo le vino de lujo a mi madre por un problema que tenía yo (¿WTF?).

Veamos, un médico, de la especialidad que sea le dices, tengo dolor de cabeza, tos, estornudos, mocos y fiebre. Y el médico te dice que eso es una gripe. Al psicólogo le dices los síntomas… ¡y no te dice lo que te pasa!

Tanto tu médico de cabecera como el psicólogo supuestamente son médicos profesionales, ¿no? Es más, además de decirte que tienes gripe, te dicen cómo se cura.

No pongo en duda que la psicología sea efectiva o no, lo que digo es que sabiendo lo que a uno le pasa, es más fácil obrar en consecuencia y no reincidir en caso de que se vuelvan a dar las circunstancias que te causaron ese estado anímico pues será más fácil identificarlas.

Yo, cuando creo saber lo que me pasa, me topo con una capa aun más profunda del problema. Ahora sé que la cosa no solo va de satisfacer inmediatamente mis deseos, es peor. También he caido en la cuenta de que cuando tomo decisiones, no las pienso, las hago y ya está. La extensa mayoría de las veces, lo que yo he convertido en un problema no lo hubiera sido si tan siquiera hubiese tomado las decisiones en frío. No hacen falta sesudos análisis de los pros y los contras sino simple y llanamente, pararme a pensar lo que decido. Así pasa, que siempre me toca ruborizarme y mirar hacia abajo cuando la gente me pregunta si no pensé en los contras de la decisión que estaba tomando, como no.

Aunque creo estar dando ya pasos para solucionarlo. Ya creo haberme dado cuenta de todo el problema. Aunque como ya, 27 años después, creo que me empiezo a conocer bien, y creo que ya conozco bastantes más causas de mi impulsividad, basta con no alimentarlas. Ya sé que me causa impotencia no tener amueblada mi cabeza y lo trato de suplir con parches que no hacen sino empeorar las cosas. Pasa por no querer alimentar, y nunca mejor dicho, mi satisfación inmediata comiendo, aunque supongo que ese es el menor de mis problemas ahora mismo. Pasa por no desear caprichos materiales, pasa por prescindir de tanto ir al cine y aprovechar el ADSL que para eso lo tengo y más cuando tengo tantas pelis antiguas por ver. Pasa por no bajarme juegos hasta reventar el iPod sino pasarme los que ya tengo, pasa por no desear tanto cacharrito y por reprimirme esos deseos que, a estas alturas ya no tienen nada que ver con cosas que llevase años deseando tener, sino con que a mi está chupado venderme la moto.

Ahora bien, sopesando que no me sobra de mi sueldo para comer, por gilipollas pero no me sobra, la mejor solución que se me ocurre es reunificar mis pagos. No es que lo esté deseando, es que prefiero una toba en la oreja a 20 latigazos al mes.

Por otro lado, hablaros de ELIDUP. Algunos ya sabéis lo que es, a la extensa mayoría os lo diré por Twitter más adelante, cuando pueda mencionar lo que significan esas siglas sin miedo a que me lo plagien. Deciros que me veía muy limitado por la localización y por los personajes así que, lo primero que voy a hacer es adelantar la cronología unos meses antes para poder profundizar más en los personajes y, de paso, poder empezar con algo más de acción. Lo segundo, es que, dado que no conozco lo bien que debiera los sitios en los que quiero localizar la novela (ups, se me escapó; guiño guiño), lo mejor es inventármelos, así no tengo que conocer ni su gente ni sus calles sino que surgirán de mi imaginación, y de esta manera no tendré que consultar el Google Maps para seguir escribiendo si bien esos pueblos ficticios sí estarán en países reales como por ejemplo, España.

Además, no sé si os he mencionado por aquí a mi vecino, sino lo hago ahora. Es un tío cuya ÚNICA afición es la música, si es que se le puede llamar afición a eso.

  1. Se jacta de que mi órgano Casio de 250 € es de juguete, y si no me lo pillé más caro es porque de momento para recuperar la soltura perdida durante años me vale
  2. Se jacta de que no sé improvisar y, aun siendo verdad, sé algo de solfeo y tengo buen oído para la música. (Tiempo atrás, me dio clases, aunque durante muy poco tiempo, el ex teclista de “Greta y los Garbo”) cosa que a mi hermano le dices acordes y los sabe tocar, él no.
  3. Después de semanas insistiéndome en que hiciese música con él, llego a su casa y lo único que sabe hacer es empalmar loops, igual que yo en mi época de experimentar con el Music de la PlayStation o con el Fruity Loops que regalaban con los cereales de Kellog’s. Que ojo, que no es que yo sí sepa, es que para mí hacer música es crear algo por ti mismo, no algo enlatado, eso yo también lo sé hacer.

De momento me quedan muchas cosas por hacer y no he empezado, así que como ya he terminado con el blog, lo publico y a cenar, que ya es hora. Que la Potra os acompañe. Ciao

Solitron

Voy a intentar no parecer chantajista emocional pero no garantizo nada. No por nada sino por las horribles ganas que tengo de desahogarme.

Este pasado puente me fui el sábado a ver yo solito la de Capitán América. Necesitaba salir a toda costa de casa (que sigue tan desordenada como siempre por cierto) y no quedaba gente libre con la que quedar. Había opciones dudosas, pero dichas opciones no me cogían el teléfono. A mi me pasa algo y aun no he tenido huevos de coger cita con el psicólogo porque hasta para eso soy vago. Me pasa, y esto hasta yo estoy harto de repetirlo, cuanto menos mis lectores de leerlo, que sí, tantas ganas de cogerme un piso, de irme a vivir solo, de tener medio de locomoción y el ojete de su madre al final me pasan factura. Todo el dia en un cuchitril de 20 metros cuadrados no hay Cristo que lo soporte. Sí, de acuerdo, de siempre he sentido fascinación por las casas acogedoras y por las buhardillas, pero ya he tenido suficiente con la casa de los Pinipon, eso se lo dejo a mis hijos para cuando los tenga, y la buhardilla mejor para la última planta de mi chalet que para que sea el único espacio de mi vivienda.

No sé que coño va a pasar si me mudaré a una casa más grande o qué coño voy a hacer. no sé siquiera qué va a pasar en los próximos dos meses. Jamás me ha aterrado tanto mi futuro a corto plazo, para qué lo voy a negar. Resulta que en el departamento donde trabajo ahora, la tarea para la que me presenté voluntario y que tanta ilusión me hacía, ya no la desempeño, tócate los cojones. Y al no desempeñarla pierdo las ventajas que eso llevaba implícitas, lo cual significa que ahora curro más horas por el mismo dinero que ganaba hasta ahora, a tomar por culo el ritmo de vida que quería llevar durante seis meses, aquella calma de la que os hablaba. Y en el departamento del que aun dependo administrativamente (y están esperando mi vuelta) pues por lo que sé, está todo el mundo más quemado que el cenicero de un bingo y miedo me da lo que me encuentre, más en un estado anímico mío que mezcla pereza y miedo. No sé si la comisión a la que pertenezco se va a alargar o que se yo, pero tiene toda la pinta de que no. He pedido vacantes en Madrid que han salido ciento y la madre, pero sobre Madrid pesa la leyenda negra de que es casi imposible que te den plazas dado que se lo pide hasta el puto patriarca de la familia. Me contestan en septiembre, obviamente aun no sé nada. Y bueno, yo tengo que estar hasta abril del año que viene aqui si no quiero que me sajen de golpe todas las mensualidades pendientes hasta entonces del alquiler de la casa. No sé si llorándoles a los de la inmobiliaria si me sale plaza en Madrid me perdonarían tal putada.

Bueno pues volviendo a lo del agobio y el Capitán Maric.. digooo América pues cuando fui al cine, éramos 20 personas como mucho en la sala. Anecdótico cuanto menos el caso del tío que se sentaba a mi derecha que le prestó más atención a su puto smatphone con Android que a la puñetera película, y me sentí identificado, no por estar todo el rato con el teléfono que al final yo tampoco pude resistir la tentación de sacarlo del bolsillo, que por cierto, tengo móvil nuevo. Me sentí identificado por la misma sensación de soledad, el tío estaria enganchado a alguna red social / chat/ cliente de mensajería instantánea porque no paraba de escribir. Y bueno, yo habia ido a lo que iba, a ver la dichosa película. Luego en la fila de atrás había otro tío de treinta y muchos que fue el que me alientó a ver el trailer de Los Vengadores al final de los créditos, porque el del móvil se quedó esperando un par de minutos pero se fue enseguida.

Ya sé que no he inventado yo lo de ir al cine solo pero me hizo gracia identificar a los que iban como yo y con la misma inquietud en la cabeza, el del móvil al menos. Por cierto que el que me he cogido yo ha sido el Samsung Galaxy S por los puntos, y no voy a negar que estoy contentísimo con ese móvil.

Por último un tema que me lleva los demonios, la dichosa moto de los cojones, hay mañanas (esporádicas) que le cuesta arrancar a la puñetera pues en una me cargué el pedal de arranque y en otra, hoy, he fundido la batería intentando arrancarla eléctricamente y estoy tan hasta los cojones de ella que estoy por cambiarla por una bici, que es lo que debi haberme pillado en un principio, a ver si haciendo todos los días 26 km en los trayectos de ida y vuelta del trabajo, bajo esos 22 kg que me sobran, que si os soy sincero, estoy tan…. tan que no tengo huevos a comer nada que no me guste, porque ya me quedan pocas satisfacciones a plazo inmediato como para encima quitármelas todas.  Por cierto que en la novela que estoy escribiendo me he atascado, por pardillo, por no planificarlo todo bien. Pero no pasa nada, a estructurar toda la historia, a caracterizar a todos los personajes y al carajo.  Nada más que decir, que me voy a la cama. Que la Potra os acompañe. Ciao.

Llevo años cagándola y años huyendo de mis problemas poniendome excusas, tomándomelo con calma y demás mecanismos de defensa mentales. Pues al carajo, voy a mencionar esa palabra a la que tanto miedo tenía, sacrificio. Ya basta de sentir lástima de mi mismo y de subestimar mis posibilidades. Pero sobre todo y lo más importante, basta de teatralizar todo lo que en mi blog propongo cada vez que me entra el “mecagüen” dios y que luego lo pienso en frío y se queda como estaba.

Me estaba acordando de un hecho que cobra más trascendencia ahora que sé por qué lo hice. En plena instrucción, el primer día de maniobras nos metieron algo de caña para que no nos confiáramos y yo le vi las orejas al lobo. Tuve los cojones, aunque en realidad no tantos, de decir delante de todo mi pelotón que yo no estaba ahí por vocación. Eso fue para mi un arma de doble filo, pues me aliviaba saber que tenía con quien compartir la carga, pero claro, lo malo es cuando la gente sabe de tí más de lo que debe. Y eso es lo que me pasa, que cuando me agobio, le cuento lo que me pasa al primero que pillo, claro que en el momento no pienso en las consecuencias. Eso es símbolo de que no tengo lo que hay que tener para resolver mis problemas solito, que siempre he tenido a alguien detrás empujándome y eso es lo que, a veces sin darme cuenta, busco a toda costa.

Bueno, pues yo solo, me he buscado problemas tan gordos que no puedo pedir a nadie que se implique y yo solo, me cueste lo que me cueste, voy a salir de ellos.

Varias son las causas, todo el mundo me dice últimamente y yo lo llevo insinuando en mi blog unas pocas entradas que con lo bien que se me da hacer según que cosas, buscase fuentes de ingresos dedicándome a esas cosas que se me da bien hacer. Y pues si me gustan el cine, la fotografía, la música, la literatura y los videojuegos está claro que tengo salidas, pero claro, no a corto plazo, menos aun si no he hecho nada. Pero claro, apenas buscaba vías de escape. He recibido elogios por lo bien que escribo en mi blog y, recuerdo hace años me cascaron un 10 en el instituto, en concreto mi profesor de tecnología, viendo que no había manera de sacarme de mi mundo, me pidió que le hiciese un organigrama sobre una idea que tenía para un videojuego que se iba a llamar “La expedición”, idea que se quedaría en un guión literario (más literario que guión) del que solo escribí 71 páginas y que aun conservo, pero que no continué, dado que la historia tal y como la tenía concebida, forzaba la aparición de gazapos lo que la convertía en absurda e inverosímil. Siempre he dicho que quiero retomarla, a lo mejor ahora es el momento. Claro yo como un gilipollas siempre he pensado a lo grande y cuando talo ese árbol que no me deja ver el bosque me doy cuenta de que debo empezar desde la modestia, desde abajo, desde ese tan incómodo sacrificio al que tanta alergia le tengo. Eso por un lado, y bueno, también tengo medios para crear videocreaciones, para hacer música y para hacer fotos, no muy buenas, pero los tengo. Respecto a los videojuegos no me queda más cojones que aprender y eso se llama carrera universitaria o academia y cuesta un pastizal en ambos casos. Y quizá y solo quizá, si consigo ser conocido en alguno de esos ámbitos o disciplinas, podré empezar a lucrarme. El objetivo es ese ¿no? Pero por desgracia no puedo contar con él. Necesito más fuentes de ingresos y se me ha ocurrido también pluriemplearme por las tardes. Así que no voy a parar quieto, y lo temo más que a un nublao, pero para bien o para mal, es lo que necesito.

Otra razón, quizá la más poderosa, es la que va más allá. Después de redimir mis defectos vendrá algo más importante y es mi novia, Juliana, quien espera paciente a 8000 km de aquí poder venirse a España y vivir juntos como está mandado. Sea como fuere, o venzo el miedo o no voy a tirar p’alante ni a la de tres. Que la Potra os acompañe. Ciao.

A dream within a dream

Escuchando “Dream within a dream” de Hans Zimmer

Joder como mola la brisa matinal con la moto, de buena gana me daba una vuelta más larga de no ser porque tengo que prepararlo todo antes de irme, pero es que esa brisa y, pues, que parece que mi mudanza mental está empezando, aunque pocos, a dar frutos, pues hace que esté inspirado para escribir algo antes de largarme a Madrid, yo siempre tan temerario hay que joderse.

Ayer para comer me curré, con lo que tenía, unos contramuslos asados, que, para ser el primer asado que me curro me supo bastante rico, ya ves tu, ajo, perejil y caldo precocinado así que os parecerá a todos una gilipollez, pero me siento orgulloso de que me empiece a sentar bien la independencia, de hecho esta era una de las cosas que más ilusión me hacía de vivir solo, saber cocinar.

No sé, tengo la sensación de que, aunque queda mucho por hacer, he comenzado a redimirme y ahora queda lo mejor, lo más interesante, y me atrevo a decir por primera vez en meses, que afronto estos pequeños retos con ganas.

Por otra parte y no menos importante, y sé que más de uno se lo tomará a guasa, tengo ganas de hacer algo grande, no sé, conseguir algo de notoriedad a nivel artístico. Tengo los medios de difusión y ayer vi un teclado Casio de 2º mano por 89 y como se me crucen los cables cae, aunque a decir verdad quiero algo así pero de esos de ahora que tienen conexión midi con el ordenador. Pero no solo en lo que a música se refiere, me encanta la fotografía y debería empezar a hacer videocreaciones ya. Hace años, en el extinto festival Evantec (gilipuertas los paletos que dijeron que veníamos a dejar el pueblo hecho un asco) vi cosas que me gustaron bastante y es un poco la vía por la que me gustaría experimentar.

La razón por la que me ha dado el venazo es porque mi hermano, a quien admiro, me dice que tengo un buen coco y una imaginación prodigiosa… pues hombre, sí es verdad que tengo ganas de canalizar eso hacia alguna parte. Eso y que, viendo las herramientas para difundirme de las que dispongo, entiéndase redes sociales, pues quiero que sirvan para alguna razón, no solo para ver quién ha actualizado. Y bueno, dispongo de los conocimientos necesarios si bien lo mío con los cursos tiene delito, pero eso ya lo solucionaré más adelante. Así que no me demoro más, que ganas tengo, pero tambien tengo que dejar todo listo, que no voy a aparecer hasta el domingo por aquí. Que la Potra os acompañe. Ciao.

Llevo días queriendo escribir y no sabía por donde empezar. Tranquilos que la actualidad no se me escapa, pero quería empezar con un pequeño flashback sobre mi, por aquel entonces, tierna adolescencia, tras el flashback os lo explico todo.

Corrían los felices años 90, Top Radio aun era una radioformula que competía con los 40 Principales, Take That y Los Del Río se daban de hostias por sonar en la radio y hubo 3 o 4 años que las canciones del verano, dentro de lo que cabe estaban hechas con buen gusto, la zona donde yo vivía eran chalets de veraneo, como casi todo el pueblo aunque ya de por si tiene, o tenía al menos, una densidad de población alta para lo pequeño que es el pueblo. De aquella, no lo voy a negar, teníamos bastante vida social, sobre todo mis padres. Ahora ya no tienen tantas ganas por lo que sé, pero eso no quiere decir que sea malo. Digamos que saliendo a jugar conocía a unos chavales, y a traves de esos chavales conocía a otros. Mencionaré de pasada a un tal Tomás con el que me llevaba bien, pero que no me extraña que se cansase de mi, no hacíamos otra cosa que escuchar música dance de la de aquella y montar megamixes caseros con nuestros radiocassetes. Incluso llegamos a hacerlos con dos de solo una pletina juntando altavoz con altavoz… Pues hasta donde tengo mas o menos claros los recuerdos, gracias a Tomás, conocí a una tal Susana cuyo padre tenía a pocos metros en la mini-urbanización más peculiar que he visto en mi vida. Cuatro bungalows de tamaño minúsculo, poco más grandes que mi piso y con salón, dos habitaciones, baño y cocina, eso sí, con jardín individual. Bueno, pues esta tal Susana y yo hicimos buenas migas en el sentido de que eramos dos freakys con tema de conversación inagotable, con gustos similares por la música, LOS VIDEOJUEGOS (cosa poco habitual en los 90), y bueno, pues más o menos cultura freaky de aquella. Hace escasas dos semanas, y gracias a que mi rastro por internet es fácil de seguir (si no me encuentras por mi nombre y apellidos, en todos los jodidos lados soy xtasis501, asi que…) pues el padre de esta chica dio conmigo. Sus padres y los míos se llevaban bien por lo que sé, solo que mis padres no usan Facebook, mi madre apenas sí lo abre. Así que aproveché la tesitura para recuperar el contacto con ella después de años sin saber nada los unos de los otros, pero por falta de retroalimentacion en las relaciones, más que nada. Bueno, pues retomando las relaciones, lo que más me alegró no fue que Susana sigue siendo la misma de siempre sino que es de esa escasa gente que sabe lo que quiere y lo ejecuta. Había acabado periodismo y había aprovecharlo para convalidar asignaturas y sacarse además comunicación audiovisual y que ya está con el proyecto final de carrera, ole sus ovarios. Dice que no para y es verdad. Si bien ahora paso más tiempo en mi casa (aunque se echa en falta algo de compañía, ojo, de buena compañía), en ocasiones no caigo en la cuenta de que tengo gente con la que comparto afinidades, más que nada porque o trabajo con gente con la que no las comparto o estoy solo en casa y me joroba tener a los amigos tan lejos para algo tan cotidiano como para invitarles a que se vengan a tomar algo a mi casa y echo de menos Madrid por eso.

Si en mi anterior post mencionaba por encima la muerte de Bin Laden, ahora toca hacerlo del #15m con esa almohadilla primero para que se sepa que es eso que a muchos aun les suena a chino (y no me extraña) es un hashtag o hilo de conversación de Twitter, al menos así lo entiendo yo. Mi hermano y mi colega Llis (sé que le puedo mencionar) estuvieron ahí liandola parda. Yo lo seguí desde mi reclusión a través del Twitter, del que por cierto, Bin Laden se quedó corto en tweets al lado de esto. Curioso que muchos de mis compañeros al día siguiente no habían tenido noticias de la que se estaba liando en toda España.

Mi reclusión de 14 días, ya que la menciono.  me ha hecho reflexionar, más si cabe en algo que en mi anterior entrada mencioné por encima. No me organizo conmigo mismo, no me centro una mierda y mientras no me acostumbre a una disciplina y no me organice con la casa y con los gastos, y mientras siga siendo tan impulsivo y los nervios me sigan traicionando cada vez que algo me pilla por sorpresa, no tendré huevos a acometer proyectos de mayor envergadura porque no tendré la conciencia tranquila, así que de momento los proyectos ambiciosos quedan congelados, muy a mi pesar. Las prisas, el querer ser impulsivo y hacerlo todo de golpe ha sido lo que me ha llevado a no dar pie con bola. Tengo 27 años ¿y que? A estas alturas no me sirve de nada tener prisa y menos cuando me está costando tanto madurar, si bien uno nunca madura del todo.

Pues ya que estoy en un trabajo en el que, a falta de pequeños asuntos sueltos sé desenvolverme, es tranquilo y me gusta. Si el horario me lo facilita, tendré la tranquilidad necesaria durante un plazo necesario, hablo de meses, de aquí a final de año, dos meses arriba dos meses abajo para tener la casa como la Potra manda, las cuentas saneadas y, como poco, el carnet de conducir. Porque como será que ni siquiera cumplo todos los requisitos para que Juliana pueda venir a verme tres semanas a España, claro está, eso no va a hacer que me rinda, el amor es el que nos permite que, pese a envergadura, la meta sea lo más fácil posible de conseguir.

Ya para concluir, y bueno, pues porque eso a mi también me dejó buen sabor de boca fue que en esa conversación con Susana, no le ocultaba que estaba acomplejado ante algo que antaño tenía entusiasmo en hacer pero que en estos momentos no tendría cojones, me animó el hecho de que me me dijera que ella no hubiera tenido cojones a entrar en el ejército, lo que además me recuerda algo que casi se me olvida, las ganas que le eché durante los tres meses que duró mi instrucción. Ganas que ahora no tengo para muchas cosas, pero que de mi depende recuperar. Que la Potra os acompañe. Ciao.

Buen rollo

Me hizo gracia un tweet que leí el otro día en el que decía algo así como: “Se casan los príncipes y muere el malo, parece una peli Disney”, refiriéndose a los acontecimientos de máxima actualidad. No es la primera vez que digo que noto la sensación de que está chupado de hipnotizar a las masas, de cambiar su estado de ánimo a un tiempo, cunde un buen rollo que flipas últimamente, aunque, le pese a quien le pese, no voy a cuestionar que seamos víctimas de la sociedad ni ningún tópico de esos.

Sin ir más lejos, cuando dicen por la tele que el paro a bajado, no es que dos tíos con el don de la palabra cojonudamente ensayado se intercambien reproches entre sí, sino que una amiga mía que llevaba año y medio buscando trabajo, encuentra uno in extremis a punto de agotar el subsidio.

No se, se mastica el buen rollo, está en el ambiente, en los anuncios de la tele, en el colorido de la ropa, en las terrazas de los bares aunque hoy no precísamente, pero sí en la lluvia en sí.

Precísamente una de las cosas que más me gusta de mi barrio, en el que vivo ahora, es el ambiente que hay, donde aun la gente va a comprar a las tiendas de barrio, donde, aunque esté en las afueras de la ciudad, no hay ningún punto de la ciudad al que tarde más de 20 minutos en llegar en mi recién estrenada moto. Moto que me corría prisa comprarme si no quería gastarme todos los días 20 € en taxis dado el cambio de horario de mi trabajo dado que me he cambiado voluntariamente a otro puesto que tiene, obviamente, un horario distinto.

Al caso, que creo que van a hacer un “Metadona” al ladito de mi casa y esto me alegra por una razón. No, tranquilos, no pretendo hacer publicidad gratuita, mi alegría es por otra razón. Así a ojo, la mayoría de las tiendas que hay en el barrio son de alimentación, y de esas, las que más hay, me atrevo a decir que en un 60 % son carnicerías y/o charcuterías. Un 30% son tiendas de frutas y verduras, y el 10% restante de todo un poco, pero pescaderías por aquí no abundan (el pescado congelado no cuenta) y a mí el pescado me encanta. Y si bien los supermercados que hay por aquí, por variedad no me terminan de convencer, pues los del “Metadona” de siempre me han gustado, esos y “Ahogamás”, que por este lado de la península no los hay. Pues claro, mi sospecha viene fundada porque ví una furgoneta del Metadona posada delante del local que están reformando para lo que sí sé que va a ser un supermercado, por la pinta que tiene. Y vamos, más aun me alegra que el supermercado lo hacen a 50 escasos metros de mi casa.

Tanto hablar de mi vida de amo de casa me trae a la cabeza un recuerdo que si bien lo tengo como feliz ahora, en su momento fue un bochorno, por las circunstancias, vaya.

Allá por octubre de 2007, los que siguieseis mi blog por entonces, sabríais que mi madre me echó de casa por mi desmesurado gasto en la factura de teléfono, vamos, porque no pretendía mantener a alguien que no sabe administrarse, vamos, porque la convivencia no era fácil y aquello terminó de crisparla (madres como ella hacen falta y no tanto “hermano mayor”, ni “generación nini”, ni “curso del 74″ ni gilipolleces en vinagre) Bueno, pues sin dinero, el único sitio al que pude ir, con suerte, es a casa de un conocido, amigo por aquel entonces, que el muy cabrón se podía permitir lujos no porque le fuese bien como tal sino porque vivía de alquiler en un piso enano en el que además compartía alquiler con más gente. Eso y porque las horas de segurata daban pasta. Pues el colega tenía una tele HD-Ready de 42′, de lo mejorcito por aquella, una Xbox 360 Élite de las primeras que salieron, suscripción a Xbox Live Gold, Digital + (el pack completo) y un ordenador, también de lo mejorcito de aquel momento también conectado a la tele y, por supuesto, con su teclado y raton inalámbricos para chatear sentado desde el sofá. Y no veas el cabrón que envidia me daba, aunque me alegra saber, pasado el tiempo que ese tio no tiene ni donde caerse muerto, que no tiene ni puta idea de lo que quiere, menos que yo, que ya es decir. Al año siguiente me tocó la casa de protección oficial a la que tuve que renunciar porque, por querer lo más grande posible que me podía permitir, justo cuando comenzó la crisis, dijeron los bancos que los cojones me iban a dar 15.000 € por la entrada de mi casa así me avalase el Rey. No en vano, con tanto hijo de puta suelto poniendo caras hasta las VPO’s, fuimos una legión de gente los que tuvimos que renunciar, justo a finales de 2008, cuando quebraba el dichoso banco Lehman Brothers y todo lo que vino después… Pues desde entonces todo lo que ha sido es un quiero y no puedo, un no tener ni idea de lo que quería, por mucho que insinuase lo contrario. Un fijarse en casas ajenas, un anhelo de ir a tiendas de artículos para el hogar y no poder comprarme nada, un comentar con impotencia consejos de decoración con mi prima, la cual llevaba más tiempo independizada…

Pues ahora, ese recuerdo es feliz, porque he alcanzdo la catársis con ese hecho en sí. Es más, quise haberme pillado la casa pequeña, que sí entraba dentro de mis posibilidades aunque, pasado el tiempo me alegro de no haberme comprado ninguna porque se estaban columpiándose muchísimo con los precios y raro fue aquel que no necesitó ayuda económica para costearse la vivienda. Recuerdo como las viviendas de la primera promoción costaron la mitad que las de la última a la que yo me presenté. Y bueno, pues esta en la que estoy viviendo es canija, sí, pero siempre me llamaron la atención las casas pequeñajas y siempre desee que algo así fuese mi primera vivienda. Ahora también tengo una moto con la que moverme por la ciudad y con la que me cunde más el tiempo si cabe. Más ahora que viene el buen tiempo. Ya tengo sino todas, casi todas las cosas a las que un chico de mi edad puede desear para su independencia. El ambientador de vainilla, los buenos altavoces, cocinar lo que me de la gana, no tener más normas que las que yo mismo imponga a los que entren por la puerta. Tener la nevera llena de zumos, refrescos y batidos, la tele de alta definición de 20 pulgadas que pienso sustituir por una más grande le pese a quien le pese porque PASO de tener que sentarme a metro y medio de la tele para usar el ordenador o jugar a la consola… Eso, ordenador, y PS3 enchufados a la tele, otro de mis más ansiados deseos desde hace tiempo, y pues bueno. Lo único que sí se ha hecho de rogar es el orden. Algo con lo que todo el mundo contaba incluido yo, pero claro, está justificado en tanto que yo apenas he parado por casa y la enorme cantidad de cosas para colocar que aun me sigo preguntando cómo me cabían tantas en mi antigua habitación. Pues eso, que estoy feliz por mi novia, porque tiene donde quedarse conmigo (cuando venga a España) en un espacio que no tengo que compartir con nadie más, porque tengo medio de locomoción para llevarla a los sitios, aunque de momento solo pueda ser por Zaragoza y porque, en estas circunstancias ya es más fácil terminar de amueblar mi cabeza y eso incluye viejos asuntos pendientes como el carnet de conducir o asuntos nuevos como lo del curso de autónomos, que si la Potra lo quiere, será el glorioso comienzo de la mejor y espero que la más larga etapa de mi vida. Que la Potra os acompañe. Ciao.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 856 seguidores